Las cosas del ALBA

Foto Rebeca

El ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), desde su fundación, siempre me ha despertado grandes dudas. Creada, según se dijo entonces, para la cooperación económica entre sus miembros, ha devenido en un burdo instrumento político, de una parte de la nueva izquierda populista latinoamericana, la capitaneada por el presidente de Venezuela, que es quien, en definitiva, aporta el capital al proyecto y, como todos sabemos: quien paga, manda. Los ejemplos abundan y son bastante conocidos.

Las últimas declaraciones de la Alianza, así lo confirman: en la primera, una resolución, decide el inmediato retiro de la USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) de sus respectivos países, por su injerencia y financiar organizaciones no gubernamentales (ONG) y acciones y proyectos, dirigidos a desestabilizar los legítimos gobiernos que no les son afines a sus intereses; en la segunda, un comunicado especial, rechaza el juicio político contra el presidente de Paraguay exigido por el Senado (electo democráticamente, al igual que el presidente), que votó 73 contra 1 por su realización (incluidos los votos de los miembros de su propio partido), y declara su apoyo al enjuiciado presidente, llamando al pueblo de ese país a defender la democracia, reiterándole que cuenta con el apoyo de América Latina y el Caribe (algo que supera el marco de su competencia), en una actitud de eminente injerencia en los asuntos internos de otro país . ¿En qué quedamos? ¿Una injerencia es mala y la otra es buena?

Esto no es nada nuevo: cuando los problemas en Honduras, actuó de igual forma, llegando al histerismo de pretender reubicar al presidente destituido en el poder, trasladándolo en un avión venezolano, dirigiendo además la operación aérea, que fracasó. Continuó, tratando de infiltrarlo por la frontera de Nicaragua y, al final, asilándolo en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, país que se prestó a este juego sucio, olvidando el papel mediador que le correspondía. Después se alió con Venezuela y Ecuador, hasta con tambores de guerra, en contra de Colombia, cuando el diferendo entre los presidentes de los tres países. Al final, toda esta alharaca mediática se disolvió en un vaso de agua, se restablecieron las relaciones y aquí no sucedió nada. ¡Cosas de nuestros políticos! En los últimos tiempos, siguiendo la misma línea ideológica ortodoxa, mantuvo su apoyo irrestricto al régimen del dictador el Gadafi en Libia hasta su final, y lo mantiene con el de el Assad en Siria, con el de Irán y con algunos otros similares.

Llama la atención que, cuando han existido problemas en algunos de los países que la integran o le son afines, inmediatamente, en una actitud de injerencia total, toma partido incondicional por sus presidentes, lo cual no hace cuando se trata de otros países menos afines, donde el apoyo lo otorga a quienes se les oponen, no importa quienes sean. El ALBA parece ser más un instrumento creado para desestabilizar a América Latina, que para integrarla, apoyando con todos sus recursos el acceso al poder de políticos cercanos a su ideología, muchos de ellos mesiánicos adictos al poder perpetuo, además de realizar un sistemático proselitismo económico y social en los países donde actúa, con el objetivo de lograr adeptos a su proyecto totalitario.

Venezuela y sus aliados, pretenden repetir en estos tiempos la política de la extinta Unión Soviética para con sus satélites y adeptos durante la Guerra Fría, pero Venezuela no es la antigua Unión Soviética, y sus ínfulas de potencia latinoamericana se alejan bastante de la realidad. Quienes la acompañan en la absurda aventura, con excepción tal vez de Ecuador, son unos pocos países pobres, económicamente quebrados, dependientes de su petróleo y de sus dólares, que se han adaptado a vivir a costa de este pariente rico obedeciéndolo, más como una alternativa de supervivencia que por verdadera lealtad política. Por suerte el ALBA, con sus posicionamientos ideológicos extremos, que distan bastante de ser el resultado de análisis serios y objetivos, parece tener vida limitada, ante su falta de crecimiento y la posible desaparición física de su máximo gestor y financista.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Las cosas del ALBA

  1. Fernando Dámaso, usted lo ha dicho todo, excelente análisis de la realidad en la América Latina, manipulada absurdamente por Hugo Chávez, manejado con finos hilos como las marionetas por Fouche, [perdón, quise decir Fidel Castro,] haz lo que yo diga y no lo que tú pienses, espero que con el despertar la conciencia en Paraguay, otros países tomen ese ejemplo y ese eje castro-chavista se desnivele.

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