Aún falta mucho

Foto Peter Deel

Han transcurrido varios meses desde que se realizara la Primera Conferencia Nacional del Partido y, como esperaba la parte pensante de la población, muy pocos se acuerdan de ella. En su proyecto de documento base no se plantearon, ni en sus acuerdos se trataron, ninguno de los importantes problemas que, se suponía, debieron constituir su razón de ser, y todo se diluyó en declaraciones genéricas y en ajustes internos, para mantener el monopolio del poder, tratando de dejar atrás el nefasto ejercicio del voluntarismo y del caudillismo de años anteriores, que tanta credibilidad y prestigio restaron a la institución.

La absurda ecuación nación-patria-revolución-partido-socialismo, antinatural y anticientífica, como única unidad posible, se mantiene y defiende, no dejando espacio para el surgimiento y desarrollo de la sociedad civil, verdadero garante del presente y futuro del país.

El tema más rezagado de la agenda gubernamental, la democratización del sistema político, el cual constituye también el mayor desafío para las autoridades, continúa obviándose, como si al no hablar de él ni tratarse, no existiera. La mayoría de la población está de acuerdo, aunque aún tema expresarlo públicamente, en que las estructuras políticas, económicas y sociales actuales deben cambiar, y que actualizar el modelo es insuficiente, ya que sólo constituye una acción epidérmica, más para ganar tiempo que para resolver los problemas existentes.

Continuar ignorando la pluralidad política de la Nación, escudados en una supuesta unidad virtual en la cual muy pocos creen realmente, en lugar de facilitar la transición pacífica, ordenada y civilizada que todos ansían, generará la violencia y el enfrentamiento que nadie desea. Los tiempos nuevos exigen respuestas nuevas, modelos diferentes y la participación ciudadana en las decisiones que se tomen y en su ejecución. Defender, a pesar de múltiples fracasos, conceptos obsoletos y caducos, que dividen a los cubanos en bandos antagónicos, además de poco inteligente es inmoral. Para salir de la crisis actual, es necesario compartir el poder político, dándole participación a todas las tendencias, tan cubanas y patriotas como la que más. Antes de imponer un proyecto desde el poder monopolizado, primero debe preguntarse a los ciudadanos ¿qué proyecto de país aspiran a tener? Si el verdadero poder radica en el pueblo, como se repite constantemente, éste, constituido por ciudadanos con diferentes criterios políticos, ideológicos, económicos, sociales, sexuales, artísticos, etcétera, todos válidos y respetables, no pueden ser excluidos y, menos aún, alguien imponerse como su único representante, en detrimento de todos los restantes.

El camino de la solución de la crisis nacional, no transita sólo por la aplicación de algunas ligeras reformas económicas, sino por una verdadera democratización política y social, que abra las vías a la iniciativa ciudadana sin restricciones de ningún tipo, permitiéndole a los cubanos, a todos los cubanos sin exclusiones, construir su presente y su futuro responsablemente.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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