Mi mercado venido a menos

Foto Rebeca

El supermercado de 26 y 41, en el Nuevo Vedado, hace años dejó de ser super y hasta mercado, transformándose en un deplorable local, donde se expenden los pocos productos, asignados por la libreta de abastecimientos, previo pago de los mismos, y se venden algunos de los denominados liberados.

En su proceso involutivo, se convirtió en un gran salón caluroso con cuatro islas (así se denominan los espacios, limitados con mostradores de cartón tabla, donde se venden los productos) y una antihigiénica área de cárnicos, más el local de la administración, el almacén y la pequeña área de los lácteos, al fondo.

Totalmente encristalado y enrejado, más para evitar que se escapen los productos, que para protegerse de los ladrones, sin aire acondicionado ni ventiladores y hasta débilmente iluminado, es una verdadera sauna. Representa, en el tiempo, un tipo de comercio anterior a la bodega española o al almacén de chinos, sin llegar a alcanzar siquiera el nivel de un criollo puesto, en cualquier modesto barrio periférico de la ciudad. Constituye la involución total, en lo que a comercio se refiere y es, sin lugar a dudas, un original aporte del modelo cubano a las formas y métodos de comercialización, digno de ser estudiado, aunque no imitado.

Tan deteriorados como el mercado están sus trabajadores quienes, vestidos a su manera (hace tiempo desaparecieron las batas blancas), atienden a los usuarios con cierto desgano y, algunas veces, hasta tratando de escamotearles algunas onzas a la hora del pesaje. Los almaceneros transportan, de vez en cuando, sacos de arroz, azúcar o frijoles, en la chirriante carretilla, que pide a gritos un buen engrase o su reemplazo, desde hace años.

Al otrora almacén es mejor no entrar (además de que un cartel lo prohibe), dado su estado de deterioro. El edificio original, castrado por una panadería y una CADECA (Caja de Cambio) adosadas, languidece, adornado con un poco de colorete y viejas consignas políticas pintadas en su fachada. Los administradores cambian y los empleados también, pero todo sigue igual de mal, camino de peor. Los establecimientos comerciales del modelo, como todo lo demás, son un verdadero fracaso.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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