Ilegalidades urbanísticas: ¿quién comenzó?

Fotos Rebeca

Es correcto y necesario luchar contra las ilegalidades urbanísticas y otras, y tratar de poner un poco de orden en la sociedad, después de tantos años de barbarie. La atención parece centrarse contra los ciudadanos, que construyeron garajes precarios en áreas de uso común de edificios multifamiliares, cerraron espacios abiertos, convirtiéndolos en privados, colocaron rejas en las puertas de los elevadores en cada piso de los edificios altos, agregaron tanques de agua a cada apartamento, levantaron obstáculos en portales de libre tránsito en calles comerciales, transformaron fachadas a su mal gusto, agregaron edificaciones absurdas, convirtieron terrazas y portales en habitaciones, etcétera. Todo ello es criticable e inadmisible, aunque haya sucedido más por necesidades vitales (falta de espacio en las viviendas al crecer las familias, imposibilidad de acceder a otras más amplias, no estar previstos garajes en las nuevas edificaciones, impunidad de los delincuentes), ante la falta de soluciones gubernamentales (todas las particulares estaban prohibidas), que por simple falta de responsabilidad.

Sin embargo, no se señala que fueron precisamente las autoridades constituidas, y algunos de sus más cercanos colaboradores, quienes iniciaron la práctica de estas ilegalidades, levantando altos muros (algunos de hasta cuatro metros) en sus nuevas residencias asignadas (a veces hasta con cámaras de vigilancia) y cerrando calles y jardines a su alrededor; ocupando edificios completos y hasta las viviendas aledañas, incluidos calles, jardines y otros espacios; construyendo edificaciones faraónicas sin respetar la existencia de calles; cercando y cerrando los jardines y parqueos de los edificios gubernamentales de la Plaza Cívica, clausurando puertas y entradas originales, dificultando, y hasta no permitiendo, el libre acceso de los ciudadanos a los mismos. Esta epidemia se extendió como el marabú, y abarcó organismos, instituciones y empresas, que fueron convertidos en verdaderos fortines, con barreras y prohibiciones y, a veces, hasta con aspilleras. Alguien tal vez alegue que todo fue por protección ante el eterno enemigo pero, como siempre, nos pasamos, extraviando el sentido del límite.

Ante esta realidad, fácil de comprobar recorriendo nuestras ciudades y pueblos, la psiquis ciudadana reaccionó de forma natural: ¿si las autoridades no respetaban las regulaciones urbanísticas, por qué las iba a respetar la población? En esta batalla de ahora contra las ilegalidades urbanísticas, ¿se tendrán en cuenta éstas también o los afectados serán sólo los ciudadanos comunes? Si la cadena, como ha sucedido muchas veces, se va a romper por los eslabones más débiles y no va a tocar a los más fuertes, la batalla estará perdida desde sus inicios. Para que triunfe, hay que predicar con el ejemplo. Además, es bueno combatir lo mal hecho, pero también deben crearse las condiciones materiales para que no se repita: si continúan ausentes las soluciones a los problemas reales de los ciudadanos (espacio habitacional, nuevas viviendas, protección de sus propiedades y otras), será como arar en el mar.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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Una respuesta a Ilegalidades urbanísticas: ¿quién comenzó?

  1. Camilo dijo:

    Esta campana es una cortina de humo para entretener a la población y está creando en chivos expiatorios a los ciudadanos, mientras los grandes y el estado sigue haciendo barbaridades en ese campo. Esto no es más que un atropello, es fácil promover este tipo de campana cuando se vive en Miramar, Siboney, Nuevo Vedado yu otro de los barrios de la antigua burguesía, así es fácil promover acabar con todo.

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