La nueva Cuba

Foto Rebeca

En los últimos tiempos, ante la decadencia del modelo, muchos politólogos que tratan el tema cubano, se han dado a la tarea de elaborar proyecciones sobre la nueva Cuba. Como debe ser, las opiniones son muy variadas, en dependencia de las premisas ideológicas y políticas de los ponentes. Sin embargo, algo queda claro: la nueva Cuba deberá enfrentar varios problemas cruciales. Entre éstos estarán: lograr un tránsito pacífico, sin vencedores ni vencidos, evitando la violencia; establecer un sistema democrático con amplia participación de todas las corrientes políticas y sociales; crear un nuevo Estado con todas sus instituciones y construir una economía eficiente.

La demolición de las ruinas del modelo de eso se trata- construido sobre la base del voluntarismo, no es tarea muy difícil, ya que el tiempo prácticamente la ha venido realizando, en sus aspectos materiales. Lo complejo aquí es lograr que la mayoría de los que han formado parte de él, con mayor o menor grado de compromiso, sean capaces de entender y aceptar que el cambio es totalmente necesario, para que la Nación sobreviva. Y también, que las víctimas del modelo (aquí incluyo a los exilados), marginados y reprimidos durante años, no coloquen la venganza ni el ajuste de cuentas como prioridades en la mesa de negociaciones. Un pacto, dejando de lado los intereses particulares ante los nacionales, es lo más inteligente, lo que no quiere decir olvidar, ni que los responsables de la tragedia nacional queden impunes, pero esto deberá lograrse por consenso ciudadano, en un corto plazo, y dentro de las leyes aprobadas al efecto, sin cacerías de brujas ni purgas masivas. En definitiva todos, en una u otra medida, durante más de cinco décadas, hemos estado implicados en lo que ha sucedido y tenemos diferentes grados de responsabilidad, sino material al menos moral. Lo único no admisible y suicida sería una lucha fratricida.

La plena participación de cada ciudadano en el quehacer político de la nación, debe ser un derecho respetado y protegido. Esto conlleva a establecer la libertad de agruparse y de formar organizaciones políticas y sociales de diferentes tendencias, para elaborar y proponer proyectos de gobierno, capaces de sacar al país del caos económico, político y social en que lo ha hundido el modelo imperante. Por tanto, la instauración de una democracia total es una premisa insoslayable.

Es necesario crear un nuevo Estado. Posiblemente ésta sea la tarea más compleja y difícil. El modelo existente, con sus instituciones y organizaciones creadas sobre la marcha, fue construido desmontando sistemáticamente el Estado democrático presente en la República, y concebido en puros intereses ideológicos y el mantenimiento del poder a toda costa. Para ello la Constitución, las leyes, las instituciones, las organizaciones y todo se acomodó dentro de la camisa de fuerza socialista, inventando voluminosos aparatos de control y propaganda a todos los niveles, y hasta gobiernos paralelos dentro del gobierno, que suplantaban sus funciones o las multiplicaban. Es necesario un Estado totalmente nuevo, moderno, eficiente, con nuevas leyes e instituciones, que de continuidad y perfeccione el que existía antes del año 1959. Para él son necesarios nuevos funcionarios, más profesionales que políticos, con una ética diferente. Esta no es tarea de un día ni de poco tiempo, pero debe acometerse desde los primeros momentos, so pena de condenar al fracaso todo lo demás.

La instauración de una democracia conlleva, indisolublemente, a la creación de una economía eficiente. Debemos entender que sin democracia no hay economía, al igual que sin economía no hay democracia. Todos los intentos históricos de enfrentar estas dos categorías han fracasado. Una economía libre y competitiva sólo es posible en un régimen democrático, donde se respeten los derechos de todos los entes sociales, y no se pongan obstáculos al libre desarrollo de la iniciativa individual. Igualmente, una economía libre y eficiente consolida la democracia, facilitando el ejercicio y la aplicación de las leyes y de programas sociales, que den respuestas reales a las necesidades de la población.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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