Presente, pasado, futuro

1. Lo único que el ser humano posee realmente es su presente. El pasado es algo que ya aconteció, para bien o para mal, y el mismo presente, con el paso de los segundos, se convierte continuamente en pasado. El futuro es lo que puede o no ser y cuyas raíces se encuentran en el presente. Visto así, en toda su simpleza y objetividad, el presente es vivir, el pasado lo vivido y el futuro lo por vivir. El futuro, al hacerse presente, también comienza a convertirse en pasado.

2. La mayoría de los políticos de izquierda asientan sus plataformas programáticas en cuestionar el pasado y proponer futuro, obviando hábilmente el presente. Pueden ser comunistas o socialistas recalcitrantes, moderados o reciclados, populistas, nacionalistas, indigenistas y hasta islamistas, esa nueva modalidad tan en boga.

3. Tomado el poder, sea por la violencia o pacíficamente, su primera y gran tarea es revisar concienzudamente el pasado: la tierra fue mal repartida, el desarrollo económico fue injusto, los tratados firmados socavaron la soberanía, la política exterior fue errónea, los programas de estudios fueron mal concebidos, el sistema de salud fue mal organizado, el transporte resultó insuficiente y así, abarcando todo el espectro político, económico y social. Dedican el tiempo y los esfuerzos no al presente, sino a criticar y reajustar el pasado, clasificando a los presidentes que les sucedieron en malos y regulares, según las conveniencias.

4. Mayoritariamente comienzan por la redistribución de las tierras: hay que distribuirlas entre los campesinos más pobres, como si fuera un dogma, aunque esto traiga como consecuencias el caos en la agricultura y la falta de productividad. No importa, pues constituye el paso inicial obligatorio para obtener apoyo popular masivo, antes de proceder a estatalizarlas en granjas y cooperativas, también improductivas. La siguiente medida es la reforma financiera: el estado necesita monopolizar y controlar todo el capital para dilapidarlo y proyectar el futuro. Le siguen otras reformas: educacional, de la salud, urbana, de la justicia, etc

5. El centro de la atención, como es fácil de notar, se concentra en cambiar el pasado, pero, en realidad, el pasado es imposible de cambiar, a no ser en la retórica de los discursos y en los libros de historia, por los nuevos escribidores, pues existe independientemente de nuestro presente. Estos cambios que se pretenden realizar y se realizan contra toda lógica, se hacen para asegurar el futuro. Como vemos, el presente vuelve a se excluido, pues estos líderes viven ajenos a él.

6. En la revisión del pasado se aplica profundamente el escalpelo y se llega hasta tratar de extirpar las tradiciones y las costumbres: un pueblo sin pasado o con un pasado mutilado es fácilmente manipulable. El futuro se oferta como una panacea, cuyo costo se sufraga con los sacrificios de hoy. Sólo que éste no tiene límites palpables ni tiempo medible: todo queda en el limbo del porvenir, el cual cada día se aleja más, tan inalcanzable como el horizonte.

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Acerca de Fernando Damaso Fernandez

Fernando Dámaso Nací en 1938, en La Habana. Soy Sagitario. Estudié en los Escolapios de la Víbora y me gradué de Perito Mercantil. Trabajé en publicidad (investigador de mercado y productor de comerciales y programas para la televisión); también fui militar. Me interesa la literatura, el cine, los deportes profesionales y la naturaleza. Hace años escribo.
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